“Decía que la arquitectura era efectivamente la más grande de todas las artes, porque era anónima como toda la grandeza. Decía que, tal como debía ser, el mundo tenía muchos edificios famosos, pero pocos renombrados arquitectos, puesto que en realidad ningún hombre aislado ha creado nunca nada de importancia en arquitectura o en cualquier otro orden. Los pocos cuyos nombres han perdurado fueron realmente impostores que expropiaron la gloria del pueblo como otros expropian su riqueza. <<Cuando contemplamos la magnificencia de un monumento antiguo y referimos su ejecución a un hombre! nos hacemos culpables de estafa espiritual. Olvidamos el ejército de artesanos desconocidos a quienes nadie ha cantado, que les precedieron en la oscuridad de las edades, que se afanaban humildemente — todo heroísmo es humilde —, contribuyendo cada uno con su pequeña aportación al tesoro de su tiempo. Un gran edificio no es la invención propia de un genio u otro. Es simplemente la condensación del espíritu del pueblo>>.”
“Explicaba que la decadencia de la arquitectura se había producido cuando la propiedad privada había reemplazado al espíritu comunal de la Edad Media, y que el egoísmo de los propietarios individuales — que no edificaban con otro propósito que el de satisfacer su propio mal gusto, <<todo afirma que un gusto individual es mal gusto >> — había arruinado el efecto planteado de las grandes ciudades. Demostraba que no existía tal cosa como la voluntad individual desde que los impulsos creadores del hombre están determinados, como todos los demás, por la estructura económica de la época en la cual vivieron. Expresaba su admiración por todos los grandes estilos históricos, pero amonestaba contra su desenfrenada mezcolanza. Descartaba la arquitectura moderna, estableciendo que << hasta ahora no ha representado nada, salvó el capricho de individuos aislados>>, que <<no ha demostrado ninguna relación con ningún gran movimiento espontáneo de masas, y de esta manera no tiene consecuencias>>. Predicaba un futuro mundo mejor, donde todos los hombres serían hermosos y sus palacios armoniosos y todos iguales, según la gran tradición de Grecia, <<madre de la Democracia>>. Cuando escribió esto, daba a entender — sin ninguna grieta en la serenidad de su estilo — que las palabras que se veían ahora en la página impresa habían sido borroneadas en el manuscrito por una mano vacilante de emoción. Pedía a los arquitectos que abandonasen la búsqueda egoísta de la gloria individual y se dedicaran a dar forma al genio de sus pueblos respectivos. <<Los arquitectos son siervos, no líderes. No deben conservar sus pequeños egos (itálicas), sino expresar el alma de sus países y el ritmo de su tiempo. No deben seguir las ilusiones de la fantasía personal, sino buscar el común denominador que acercara su trabajo al corazón de las masas. Los arquitectos, mis amigos, no deben buscar razones. Su obligación no es mandar, sino ser mandados>>.”p. 93 y 94 (ver Manuel Machado, La coplas)
“<<La arquitectura no es un negocio, no es una carrera, sino una cruzada y una consagración a la alegría que justifica la existencia sobre la tierra>>.” p. 96
“El genio es aquel que sabe cómo expresar lo general.” p. 122
“No dice mucho. Solamente: <<Howard Roark, arquitecto>>; pero es como esos lemas que los hombres grababan en la entrada de los castillos y por los cuales morían. Es un desafío a algo tan inmenso y tan oscuro, que todo el dolor de la tierra, ¿sabe cuánto sufrimiento hay en la tierra?, todo el dolor procede de ese algo que va a iniciar. No sé lo que es. No sé lo que desatará en contra suya. Sé sólo que será. Y sé que si usted lleva estas palabras hasta el fin, tendrá la victoria. Howard, no sólo para usted, sino también para eso que mueve al mundo y que nunca obtiene ningún reconocimiento. Vengará a muchos que han caído antes que usted, que han sufrido como usted sufrirá. Está en el camino de su infierno Howard.” p. 160
“El ornamento ha sido determinado por el método de construcción, es una acentuación del principio por el cual existe.” p. 164
“—… y de este modo, amigos, lo que le falta a la profesión de arquitectos es comprensión de su propia importancia social. Ello se debe a dos causas: a la naturaleza antisocial de la sociedad actual, y a la inherente modestia de ustedes.” p. 295
“El arquitecto es un sacerdote metafísico que trata con esencias básicas, que tiene el valor de enfrentar la concepción primera de la realidad como no realidad, desde que no hay nada y él crea la nada.” p. 345
“Consideraba vulgar la gimnasia, y así lo decía; el cerebro es más poderoso que el músculo.” p. 351
“<<El peor canto popular es superior a la mejor sinfonía>>.” p. 359
“<<¿Roark? —decían los prudentes hombres de negocios—. ¿El héroe de un diario sensacionalista? El dinero escasea demasiado hoy en día para gastarlo después en juicios>>.” p. 638
“<<Él pertenece a un edificio en construcción más que a uno terminado —pensó Wynand—, más que a un estudio de arquitecto. Es su escenario ideal, le sienta bien, como a mí el yate>>.” p. 661
“… los semáforos restringen la libertad de cruzar una calle cuando uno lo desea. Perón esa restricción nos da la libertad de no ser atropellados por un camión. Si se les asignara un trabajo y se les prohibiera abandonarlo, se restringiría la libertad de sus carreras, pero se les daría la libertad de no temer la falta de empleo.” p. 665
“… millonarios indecisos.” p. 676
“Por la noche el edificio estaba tranquilo. Parecía más grande, como si el sonido ocupara el espacio y de noche lo evacuara.” p. 781
“Es el egoísta, en sentido absoluto, el hombre que se sacrifica por los demás. Es el hombre que no tiene necesidad de depender de los demás. No obra por medio de ellos. No está interesado por ellos en ninguna cuestión fundamental. Ni en su objeto ni en su móvil ni en su pensamiento ni en su deseo ni en la fuente de su energía. No existe para ningún otro hombre y no le pide a ningún otro hombre que exista para él.” p. 814
“Ésta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos. La independencia es la regla para medir la virtud y el valor humanos. Lo que el hombre es y hace de sí mismo y no lo que haya o no hecho por intermedio de otros. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay ninguna norma de dignidad personal, salvo la independencia.” p. 814
“Los hombres cambian su trabajo por su libertad con mutuo sentimiento y con ventaja mutua cuando sus intereses personales coinciden y ambos desean el intercambio.” p. 814
“Ningún trabajo se hace colectivamente por decisión de una mayoría. Todo trabajo creador se realiza bajo la guía de un solo pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no le pide que le den el voto sobre su proyecto. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función propia. El arquitecto emplea acero, vidrio, hormigón que otros han producido, pero esos materiales siguen siendo acero, vidrio, hormigón hasta que él los emplea. Después, lo que hace con ellos es un producto individual y es su propia individualidad. Ésta es la única forma de cooperación entre los hombres.” p. 815